Los Juegos Olímpicos son un ejemplo de la hegemonía de las potencias mundiales

Marco Jurado (Quito), Dennis Rodríguez (Bogotá) y Santiago Estrella (Buenos Aires) para el Comercio

Fue casi absurdo el tamaño de la banderita estadounidense que le entregó su madre desde la tribuna a la hora del festejo, pero Phelps la blandió con ganas, aunque fuera más pequeña que su propia mano, porque su madre siempre estuvo ahí. En medio del festejo, el campeón recibió una llamada que, por supuesto, trascendió a los medios: “No te olvides, por favor, de decirle a tu madre que le mando un saludo”, le pidió a Michael Phelps, el mítico nadador, el presidente estadounidense, Barack Obama, durante una conversación telefónica.

Obama, que ha seguido los Juegos Olímpicos de Londres 2012 por televisión, comentó que hizo un alto en su campaña electoral para poder echarse en el sofá y ver cómo el equipo estadounidense de gimnasia se llevaba la medalla de oro. El Mandatario se mostró como un apasionado del gran evento del deporte mundial: “Cacé todos los eventos que pude, saltando del sofá por una carrera cerrada o un salto perfecto”.

Los baños de popularidad tienen su razón de ser. La cadena de televisión NBC informó que la cifra de espectadores es la más alta para una ceremonia de inauguración de Juegos Olímpicos no celebrada en Estados Unidos, y superó los 21,5 millones de televidentes que sintonizaron solo NBC en la apertura. En otro hecho, a finales de julio, el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos negó la acreditación al presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, considerado el último dictador de Europa, quien aspiraba a ir al evento en calidad de presidente del Comité Olímpico de su país. El jefe del Comité Olímpico ruso, Alexandr Zhúkov, se preguntó al respecto en su cuenta de Twitter: “¿Y qué hacemos con las tradiciones y los valores olímpicos? Hasta los escolares saben que en la antigua Grecia se establecía una tregua para los Juegos”.

Hegemonía y poderío

El periodista de la agencia AFP Sébastien Blanc asegura que con una organización casi perfecta y un presupuesto faraónico, los primeros Juegos Olímpicos en China habían permitido hace cuatro años al gigante asiático mostrar su poderío. “Desde que se unió al movimiento olímpico en 1979, la República Popular siempre ha asociado sus medallas a su estatus en el seno de la comunidad internacional, por lo que no es extraño que en este contexto, el menor fallo se dimensione, e incluso se vea de manera política”.

Los gobiernos buscan el prestigio de las victorias; en los Juegos Olímpicos la competencia entre atletas se convierte en una disputa entre Estados. Las victorias de atletas y equipos son tratadas como conquistas nacionales, simbolizadas con banderas e himnos y transmitidas a todo el mundo. La cobertura mediática refuerza el nacionalismo.

Las contiendas de natación en Londres 2012, por ejemplo, dieron mucho que hablar cuando los chinos trasladaron la emoción del torneo a las redes sociales: a la polémica por las sospechas, al parecer infundadas, de dopaje de los potentes atletas chinos se unió la ira de miles de internautas por la irregular colocación de la bandera de su país en la entrega de medallas a Yannick Agnel, Park Tae-hwan y Sun Yang, empatados en sus tiempos de competencia. En el izado de las banderas de los ganadores, la china -por Sun- se puso por debajo de la surcoreana -por Park-, lo que causó malestar.

Pero no fue la primera vez que Londres 2012 falló con las banderas, pues ya ocurrió en un partido de fútbol femenino con Corea del Norte en el que se mostró una bandera de su rival política Corea del Sur, provocando que las jugadoras retrasaran el inicio del partido una hora. Brian Martin, profesor de la Universidad de Wollongong, Australia, dice que el Comité Olímpico Internacional (COI) es un vehículo de lucha política. “La sede de los Juegos es vista como una oportunidad para promover el prestigio nacional.

Estados de todas las ideologías políticas han acogido los Juegos Olímpicos, sugiriendo la ausencia de un núcleo moral para los juegos”. Las olimpiadas son un escenario del poder hegemónico. En la actualidad, se han vuelto un foco de impacto comercial, político y social, en medio del dopaje y hasta denuncias de lavado de dinero. Ezequiel Fernández Moores, periodista de la agencia Ansa, el diario La Nación y autor de libros, opina, si embargo, que el desarrollo de un país no siempre tiene que ver con los Juegos. “Los Estados tienen una vidriera internacional y sienten que un podio los coloca ante el mundo. “Hay países, como China, que en estos momentos han tomado una altísima figuración internacional y el deporte es una consecuencia y no lo han descuidado”.

Fernández se refirió al caso de Cuba, que quedaba en quinto lugar, y que ahora está muy por debajo. “Pero los cubanos dicen que para ellos era importante tener un atleta en el podio, porque el mundo solía ignorarlos en sus avances en salud, en educación, pero lo que no puede omitir ninguna cadena internacional de televisión es un atleta cubano arriba de un podio. Tiene su lógica”. Pero ¿tiene su lógica que China, a esta altura de los Juegos, esté por sobre EE.UU.? Sí, asegura Fernández. “Por un lado tiene una población muchísimo mayor y da posibilidad de encontrar talentos mucho más fuertes. Tiene un sistema de preparación más central y más rígida, y esto ayuda a la formación de los deportistas. Uno puede estar de acuerdo o no con el sistema de formación, pero ayuda a la generación de talentos olímpicos”. 

Momentos históricos donde la política fue un matiz de los Juegos

1936 en la Alemania nazi. Adolf Hitler y el Partido Nazi dominaron cada aspecto de los Juegos, para fomentar y propagar los valores y la cultura nazis. Para la posteridad, los Juegos quedaron asociados a la figura de Jesse Owens. El Deporte Olímpico y la Guerra Fría. Las dos Alemanias, las  dos Chinas y las dos Coreas.

La disputa ideológica de parte de EE.UU. y la ex Unión Soviética se cristalizó en la final de básquetbol del año 1972 en  Múnich, Alemania.

Los Black Power (Poder Negro), en México 1978. Tommy Smith y John Carlos, decidieron alzar sus puños con guantes negros durante la ejecución del Himno de EE.UU. después de ganar las medallas de oro y  bronce en los 200 metros.

Juegos y terrorismo en Múnich 1972. El 5 de septiembre de ese año tuvo lugar la masacre de Múnich, lo que se llamó el ‘Septiembre Negro’. Un comando terrorista  palestino tomó como rehenes a miembros del equipo de lucha israelí.

Moscú 1980, el boicot. Tras la invasión soviética de Afganistán en 1979, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter propuso el boicot a los Juegos Olímpicos que se iban a celebrar al año siguiente en Moscú.

Londres 2012 y las Malvinas. Dos meses antes de la inauguración de las Olimpiadas de Londres, el Gobierno argentino lanzó un spot publicitario en homenaje a los caídos y ex combatientes de las islas Malvinas.

Puntos de vista

Alejandro Pino Calad.

Analista colombiano ‘Olímpicos: el poder del mundo está en juego’

Creer que los Juegos Olímpicos son solo un evento deportivo es inocente. Las Olimpiadas son una guerra simbólica en la que cada cuatro años se juega el saber quién es la potencia mundial en lo económico,  político y militar. La Alemania nazi fue la primera en enseñárnoslo en Berlín 1936, en unos Olímpicos hechos para que el mundo entero supiera que el Tercer Reich era el nuevo mandamás del planeta. El ejemplo de Adolfo Hitler fue retomado por el bloque comunista.  Entre 1952 y 1988, la Unión Soviética y sus aliados fueron los reyes del Olimpo. Claro, EE.UU. también ganó algunos Juegos, pero la “amenaza comunista” de la Guerra Fría se convertía en realidad cada 4 años. Hoy, los ojos del mundo en términos económicos, políticos y militares miran a China.

Esta aprendió la lección: el orgullo de la nación está en juego en cada olimpiada y por eso la inversión para asegurar una medalla es enorme.

Óscar Concha. Deportólogo ecuatoriano ‘Ese espíritu olímpico se está perdiendo’

No hay que desconocer la importancia del deporte como un fenómeno cultural y como tal también político, con grandes intereses económicos. La obtención de medallas  está dada por el poder económico que existe entre las naciones poderosas y aquellas  mal llamadas en vías de desarrollo. En el deporte el campeón olímpico se ha convertido en una figura de relevancia, un ícono de la sociedad. Por eso estas figuras son procuradas por los políticos para conseguir una mayor fortaleza en sus sistemas políticos y en sus gobiernos. Detrás de cada uno de los campeones están las poderosas transnacionales del deporte, las marcas deportivas. Y se ha criticado  mucho cuál es el verdadero espíritu del olimpismo cuando tenemos atletas de tienen enormes  ingresos, como  los jugadores de básquet de EE.UU. que tienen ganancias superiores a los USD 60 millones al año. Ya no hay ese espíritu olímpico.

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